Autor Tema: Reflexiones sobre Dios, su Verbo y sobre Jesucristo (Parte 1)  (Leído 83 veces)

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REFLEXIONES SOBRE DIOS, SU VERBO Y SOBRE JESUCRISTO (Parte 1)



Por Rony Guadalajara



Sin ánimo de ser pedante y con el único fin de poder expresar mejor lo que pienso, me he tomado la libertad de entrevistarme a mí mismo. Me gustaría, que si alguien no está de acuerdo con la interpretación que hago de determinados versículos de la sola escritura, lo expusiese. Creo que todas las opiniones son importantes para seguir creciendo en el conocimiento de Dios y de su Palabra.


Pregunta: Sr. Guadalajara, ¿Es usted adventista?


Respuesta: Sí, desde hace casi veinte años, aunque prefiero identificarme como cristiano, sin más.


P: Sr. Guadalajara. ¿Hay un sólo Dios?


R: Sí. Lo leemos en Deuteronomio 6:4 y también en Marcos 12:29, donde Jesús dice que el primero y más grande  mandamiento es: “Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.


P: ¿Y quién es ese Dios para usted, Sr. Guadalajara?


R: Es el Señor Dios Todopoderoso, el Alfa y la Omega, el que vive por los siglos de los siglos, el que es principio y fin, el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el que es y que era y que ha de venir, el Creador, el Padre, nuestro Señor, nuestro Salvador.


P: Pero un Dios en tres personas, ¿no es así?


R: No. Ese concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo, que posteriormente se convirtió en dogma apoyado por una supuesta infalibilidad y que desgraciadamente nuestra iglesia terminó adoptando. Tanto  en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


Versículos como Juan 17:3, o 1 Corintios 8:6, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


P: Pero entonces, lo que usted está diciendo va en contra de nuestra doctrina, ¿no le parece?


R: Los adventistas hemos ido recuperando verdades como el Santuario, la no inmortalidad del alma, el estado de los muertos, el sábado..., pero en algunos temas tenemos que volver a las fuentes, a reconstruir muros. Uno de ellos es en lo concerniente a la deidad. Como dice la Sra. White en el libro El otro poder, “por mucho tiempo que hayamos sostenido ciertas doctrinas, no quiere decir que estas sean infalibles”.


La misma hermana White está admitiendo que se puede equivocar, que nos podemos equivocar, por lo que hemos de tener mucho cuidado de no hacer de ella otro sistema infalible como el que criticamos en otras denominaciones. Sólo Dios es infalible.


Por tanto, si lo que dice tal o cual persona respecto a un tema, tenga el don de sabiduría, el don de pastor, el don de profecía o cualquier otro don, si no se puede refrendar con la sola escritura, tendremos que rechazarlo.


De hecho, partiendo de una posición arriana equivocada como la que sostenían nuestros pioneros, hemos evolucionado hacia un concepto de deidad tan distorsionado que la inmensa mayoría de los hermanos, aunque lo acepta, no lo entiende, y los que discrepan no lo dicen o no se atreven a exponerlo públicamente. La Sra. White también decía que los adventistas  siempre tendríamos que estar abiertos a una nueva luz en base a una mejor comprensión e interpretación de los textos de la sola escritura. En este sentido, me da la impresión que dentro de nuestra iglesia está empezando a surgir un movimiento de reforma que presenta como alternativa un concepto de deidad fuertemente apoyado en la sola escritura.


P: ¿Quiere esto decir que usted y otros hermanos van a abandonar la iglesia?


R: No. No hace falta salirse de la iglesia, sino reformar ciertas doctrinas desde su seno con la ayuda de Dios.


P: Entonces, Sr. Guadalajara, si el único Dios es el Padre, ¿Quién es para usted Jesucristo?


R: Jesucristo es un hombre, un ser humano en el cual habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 1:19 ; Colosenses 2:9). Es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4).


En su presciencia, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único   capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único   que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-3, 5-8; 3:11 2ª Timoteo 1:8-11 2ª Corintios 5:18,19 1ª Pedro 1:19, 20).


P: ¿Y por qué Dios escoge a un hombre como nuestro Salvador?


R: Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


¿Se da cuenta?; el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el Todopoderoso, quiere salvarnos, y lo hace por medio de Jesucristo, de un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre. Un hombre al cual Dios le da su poder para llevar a cabo la obra del plan de salvación.  Esto es grandioso, extraordinario, no hay palabras.


Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él. (Colosenses 1:16).


La traducción “por medio de él”, que algunas versiones hacen de este versículo, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta. Es increíble que se hagan traducciones de esta manera tan tendenciosa.


El exégeta y especialista en Historia Antigua Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”,  pág. 60, comenta que la expresión “por él”, ”δι“(di) + genitivo de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por δι“(di) + acusativo, por medio de él.


Y efectivamente así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no por medio de Jesucristo.


Jesucristo, en el momento de la creación, no existía.


El único creador es el Padre:


Apocalipsis 4:11


“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.


Si Dios no hubiese preconocido al futuro hombre Jesucristo como el único que iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada y por consiguiente, ni usted ni yo estaríamos ahora aquí.


Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58), queriendo que  tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


P: ¿Está diciendo que Jesucristo no existía antes de su nacimiento?.


R: Así es, lo acabo de decir. Antes de nacer de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo, Jesucristo no existía; sólo existía en la mente eterna del Padre. Es decir, no es que hubiera un hipotético Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte, sino que al santo ser que nace de María, Dios lo declara su hijo, que es una cosa muy diferente. El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


En su mente eterna, antes de que nada hubiese sido creado, y antes de que Jesucristo viniese a la existencia,   Dios  ya lo preconoce. Es en ese preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo va a llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia.


Que maravilla de versículo:


“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. (Juan 17:5)


P: Pero si Jesucristo, o el Hijo de Dios, no existía antes de nacer de María, ¿Cómo explica entonces que en el principio el Verbo existía con Dios?


R: Usted, en su pregunta, está dando por hecho de que el Verbo tiene personalidad o es una persona.


P: ¿Y no es así?


R: Rotundamente no. El Verbo no es una persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder. Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es una cualidad, una particularidad, una singularidad, una naturaleza, una marca, un atributo inherente a Dios. En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, se traduce como el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de personalidad.


Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


P:  O sea, que para usted, el Verbo no es el Hijo de Dios.


R: EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS. ¿De dónde nos hemos sacado tal cosa?. ¿Dónde lo pone?. ¿Me puede presentar un texto donde lo diga?. Ya se lo adelanto yo, no hay ningún texto en la Biblia, ni uno solo, donde diga que el Verbo es Jesucristo o el Hijo de Dios.


Como ya he dicho anteriormente, el Verbo, ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es un atributo de Dios. Que el Verbo es el Hijo de Dios es una conclusión errónea a la que hemos llegado influenciados por esa idea trinitaria surgida en el siglo IV. Además, ¿Cree usted que todo lo que hemos leído anteriormente de Pablo e Isaías respecto a la Palabra, al Verbo, al dabar o al logos de Dios se le puede aplicar a Jesucristo?.


P: Entonces Sr. Guadalajara, ¿Cómo interpreta usted Juan 1:1?


R: Juan 1:1, nos habla de que en el principio era Dios y su Verbo (Palabra), y que ese Verbo era divinidad. Punto. No hay nada más.

“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y divinidad era el Verbo”


Reconocidos gramáticos como James Moffatt, Hugh J. Schonfield, Philip B. Harner, Edgar Goodspeed,  Murray J. Harris,  Daniel B. Wallace,  H. E. Dana, Julius R. Mantey y otros, están de acuerdo que este versículo se traduce de esta manera porque el primer Dios que aparece en el texto de Juan 1 lleva artículo, el Verbo estaba con “el Dios” y el segundo Dios que aparece no lleva artículo, “y Dios era el Verbo”; por eso, al no llevar artículo el segundo Dios, unido a que el predicado nominal antecede a la forma verbal, la gramática griega no lo traduce ni como que el Verbo era Dios ni como que el Verbo era un Dios, sino como una cualidad, una naturaleza del Verbo, es decir, que el Verbo era divinidad o divino.


Philip B. Harner, uno de los gramáticos mencionados anteriormente,  dice que la construcción gramatical de Juan 1:1 incluye un predicado sin el artículo definido "el" antecediendo al verbo, una construcción que tiene principalmente un significado cualitativo y que muestra que "el logos posee la naturaleza de theós". Más adelante dice: Creo que "en Juan 1:1 la fuerza cualitativa del predicado es tan importante que el nombre [the‧ós] no puede considerarse definido". (Journal of Biblical Literature, 1973, págs. 85, 87.)


Todos estos traductores reconocen que el término griego es cualitativo y se refiere a la naturaleza de la Palabra, por lo que traducen la frase: "la Palabra [...] era divina".

 El versículo en cuestión se está refiriendo única y exclusivamente a Dios y a su Palabra, es decir, a una sola “persona”, y no a dos personas, una dentro de la otra.


Le pongo un ejemplo, que aunque no es exactamente lo mismo, vale para que se comprenda lo que quiero decir:


Usted y su palabra no son dos personas, sino una sola. ¿Me explico?. Su palabra es de usted, es consustancial a usted y de nadie más.


Lo que nunca se debe hacer es ir a un texto con unas ideas preconcebidas de antemano e interpretar el texto ajustándolo a esas ideas. Esto es lo que ha pasado durante cientos de años con este famoso versículo de Juan.


Cuando leemos un texto tenemos que ceñirnos a lo que dice el texto, sin que ningún tipo de interferencias ni ideas preconcebidas influyan en la comprensión o interpretación del mismo.


Como ya he dicho antes, Juan le está dando al Verbo, a la Palabra,  un carácter de naturaleza, no de identidad. Asi como la palabra de un humano es humana, el Verbo o Palabra es divino porque es un atributo de Dios, y es eterno porque Dios es eterno.


Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6), ¿Por qué Juan se iba a sacar de la chistera que Jesucristo es el Verbo?.


Juan, como no podía ser de otra manera, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da al Verbo, a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad. Tampoco en el Nuevo Testamento encontramos versículos donde a la Palabra se le de carácter de personalidad.


Juan, cuando escribe su libro, no tiene ni idea de esa doctrina trinitaria ajena a la biblia que surgiría en el siglo IV y que posteriormente se convertiría en dogma apoyado por un poder supuestamente infalible.

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