Autor Tema: Reflexiones sobre Dios, su Verbo y sobre Jesucristo (2)  (Leído 147 veces)

Conectado Rony Guadalajara

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Reflexiones sobre Dios, su Verbo y sobre Jesucristo (2)
« : mayo 02, 2019, 05:00:59 pm »
P: Creo que le voy entendiendo. Y lo de que el Verbo se hizo carne, ¿Cómo lo interpreta usted?


R: Una vez que Juan nos ha hablado de Dios y de su Verbo en los versículos 1 y 2, este Verbo no vuelve a mencionarse hasta el versículo 14.


Si prestamos atención  y continuamos estudiando los versículos que siguen, nos daremos cuenta que desde el versículo 3 hasta el 13 se están refiriendo a Dios, es decir, al Padre, y no al Verbo como erróneamente mucha gente cree.


¿Por qué?


Porque el precedente último con el que acaba el versículo de Juan 1:2 es “el Dios”


Juan 1:2


“Este era en el principio con el Dios”.


Por consiguiente, todos los versículos que siguen tienen como precedente a “el Dios”, y se están refiriendo al Padre.


Veámoslo:


Dios es el Creador (Apocalipsis 4:11).


En Dios estaba la vida (1Juan 1:2).


Dios es luz (1 Juan 1:5)


Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Dios es esa luz verdadera que venía a este mundo, ¿y cómo?, mediante su siervo el Mesías, que le representa, al cual, Dios, le ha puesto por luz de las naciones (Isaias 42:6).


Dios siempre ha estado en el mundo ayudando a la gente; es el mundo que él ha hecho (Hechos 4:24), y a todos los que creen en su nombre, a todos los que aman su carácter, su forma de pensar y de ser, que viven conforme a su Palabra, a todos los que hacen su voluntad, Dios les ha dado potestad de ser hijos suyos.


Y ahora llegamos al versículo 14:


Es en este versículo cuando entra en escena Jesucristo.


Algunas traducciones comienzan el versículo diciendo: “Y aquel Verbo....”


¿Por qué?


Pues para que nos demos cuenta que los anteriores versículos no nos están hablando del Verbo, sino del Padre, remitiéndonos  al Verbo del versículo 1. Sin embargo, en los originales no pone eso, sino que el versículo  empieza por “Y el Verbo…”


Juan 1:14


“Y el Verbo habitó carne”.


¿En qué carne?


En la del ser humano Jesucristo nacido de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo.


¿Y por qué ha de traducirse de esta manera y no como vulgarmente se hace?


Veámoslo:


En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el vocablo “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones y significados,  y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia.


και ο λογος σαρξ εγενετο

Y el Logos sarx egeneto


La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este principio del versículo 14?. ¿Qué significado daba al vocablo “egeneto”?. Ya he dicho anteriormente que este vocablo “egeneto” tiene multitud de acepciones y significados, por lo que atendiendo  al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


Tradicionalmente, este versículo 14, con el fin de estar en consonancia con la formulación trinitaria y para dar más  énfasis a una supuesta encarnación que no es tal, se ha traducido como que “el Verbo se hizo carne “; pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera  nos encontraríamos con las siguientes incongruencias:


Primero:


Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, que dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne.

     
Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


Segundo:


¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni  teniendo personalidad, pueda llegar a   transformarse en carne?.


Esto también es absurdo.


Sin embargo, si el comienzo del versículo lo traducimos como que “el Verbo habitó carne”, ya que el vocablo “egeneto” también puede significar habitar, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.

 
P: O sea, que esa Palabra o Verbo, que ni es persona, ni tiene personalidad, no se hace carne, sino que llega a estar en carne. ¿No es así?


R: Así es. Esa sería otra forma de entender el versículo.


EL  CONCEPTO QUE QUIERO TRANSMITIR ES QUE, YA DESDE LA ETERNIDAD, DIOS, EN SU MENTE ETERNA, ASOCIA SU VERBO, CON EL FUTURO HOMBRE JESUCRISTO QUE HA DE NACER DE LA VIRGEN MARÍA, SEÑALÁNDOLO UNA VEZ QUE ÉSTE VIENE A LA EXISTENCIA.
(Juan 6:27).


¿Y cómo lo señala?


Pues con su Verbo


¿Y de qué manera?


No lo sabemos. Lo cierto es que aunque lo incorpora en Jesucristo en el momento de su nacimiento, Dios sigue teniendo la plenitud de su Verbo.


Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo habitara corporalmente toda la plenitud. Es por este motivo, que presentar a Jesucristo como con naturaleza divina no sería incorrecto, aunque esa plenitud no interfiere en nada en su persona, en su condición  humana. La traducción “el Verbo habitó carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6, donde leemos que Jesucristo, existente en unión con “morfe” de Dios, no quiso ser igual Dios.


¿Se da cuenta?


Juan 1:14,
Colosenses 1:19
Filipenses 2:6

están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


En Juan 1:14, el Verbo habitó carne.


En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara corporalmente toda la plenitud.


Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe en unión con morfe de Dios.


Así pues, el “verbo”, “la plenitud” y la “morfe” de Dios, es lo mismo.



Aprovecho la ocasión  para explicar el anteriormente mencionado versículo de Filipenses 2:6, ya que muchos hermanos lo presentan para demostrar, erróneamente, que Jesucristo es Dios. El versículo no dice que Jesucristo, siendo Dios o igual a Dios, no quiso continuar estando en la condición de Dios. Eso no dice el texto. Lo que el texto nos está diciendo, es que Jesucristo, siendo sólo hombre, y partiendo de esta condición, no quiso ser igual a Dios, como así sucedió con Adán, sino que se humilló así mismo. Así pues, la humillación no consiste en rebajarse de Dios a hombre, que eso no dice el texto, sino más bien de hombre a esclavo o siervo. Ésta es la verdadera humillación.


P: Pero Jesucristo es el Señor, ¿no?


R: Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad para poder hacerlo (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


Así pues, Dios le ha dado prácticamente todo a Jesucristo; poder, sabiduria y conocimiento.  Y digo prácticamente todo porque hay cosas que aun  el Hijo no sabe (Marcos 13:32).


Jesucristo no es un profeta más; Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios al cual da a conocer, revela y representa y que con su poder, el del Padre, lleva a cabo la obra para nuestra salvación.


Jesucristo, como he dicho anteriormente, da a conocer, revela y representa al Padre. Es por eso que cuando habla está dando   testimonio de que la presencia divina, la gloria, el poder y la Palabra de Dios está en él. Esta Palabra es vida eterna y si la incorporamos en nuestros corazones, esa vida eterna la podemos experimentar ya, aquí y ahora.


P: Pero entonces, ¿Tenemos dos Salvadores?


R: Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa,  el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el que acepta el plan  y lo lleva a cabo con el poder de Dios. Por eso, una vez que Jesucristo culminó su obra de redención  padeciendo  y muriendo por nuestros pecados, Dios, el Padre, el único Dios, lo corona de gloria y de honra, exaltándole hasta lo sumo sobre todo y sobre todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él.


Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra que ha realizado en favor nuestro. ¡Maravilloso!.


P: ¿Y cómo terminará todo Sr. Guadalajara?


Pues como dice 1 Corintios 15:28, texto que todo adventista conoce;  que cuando el Padre haya sujetado a Jesucristo a todos sus enemigos entre los que se encuentran el pecado, la muerte y los sistemas de maldad, cuando todo le haya sido sometido, entonces Jesucristo mismo también se sujetará a Aquel que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
 

P: Pero entonces, señor Guadalajara, si Jesucristo es un ser humano ¿Por qué se le adora como así leemos en diferentes pasajes de la Biblia?


R: Vamos a ver si aclaramos este tema porque hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


Criticamos a otras denominaciones porque dan culto a María y a los “santos”, y no somos conscientes de que nosotros estamos haciendo exactamente lo mismo, peor incluso, ya que estamos adorando a  Jesucristo, que es un ser humano.


Sólo se debe de adorar al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más. (Juan 17:3; 1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11).



El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10,  que al único que se debe de adorar es a Dios, al Padre.


En Juan 4:23-24 leemos:


“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.


“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.



Así pues, como ya he dicho anteriormente,  deberíamos tener mucho cuidado en no caer en idolatría, y asimismo, tendríamos que revisar determinados himnos de nuestra Iglesia que dirigimos a Jesucristo, cuando únicamente corresponderían al Padre.


No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo o al Espíritu Santo.


Hay muchos versículos donde aparece el término “proskineo” que erróneamente  se traduce por “adoración” cuando en realidad no quieren decir eso los textos.


Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones  por adoración. Ésto no es correcto.


El significado de proskineo es postración, reverencia  en señal de reconocimiento. Se le puede hacer proskineo a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, a una eminencia médica, etc…


Este proskineo se engrandece y se le da mayor solemnidad cuando se lo hacemos a Jesús, pero no por ésto le estamos adorando. Recordemos que Jesús es un hombre, un ser humano.


Lo que pasa es que cuando este proskineo se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


Sin embargo, en ciertos lugares de la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración; esta palabra es “Latría”.


Esta “Latría” la encontramos en varios versículos, como por ejemplo en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15.


Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra latría  se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo ni al Espíritu Santo y por supuesto a ningún hombre.


Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”. ¿Cómo se puede traducir de esta manera?. Lamentable.


P: Muy bien, Sr. Guadalajara. Para acabar, me gustaría hacerle una última pregunta: Si usted afirma que el único Dios es el Padre y que Jesucristo es el hombre al que Dios ha escogido para nuestra salvación, ¿Quién es el Espíritu Santo?.


R: No sabría cómo definirlo. Hay cosas que la Palabra de Dios no nos revela de una forma clara, o simplemente no las revela. Una de ellas es quién es el Espíritu Santo. Lo que sí que sabemos de él es que tiene personalidad y que posee el espíritu y el poder de Dios. Es el que convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16: 8) y el que nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13).


Como ya he comentado anteriormente, el espíritu de Dios,  al igual que su verbo, su presencia divina, su rostro, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder, es morfe, aspecto de Dios.


El Espiritu Santo de Dios no es Dios sino que es de Dios, ya que procede del Padre y es el que da testimonio de Jesucristo (Juan 15:26)
 


Al Espíritu Santo también se le conoce como las siete lámparas de fuego, o los siete espíritus de Dios. En Apocalipsis 5:6 leemos que el Cordero tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.


Fíjese que dice “enviados”, por lo que el Espíritu Santo de Dios podría tratarse de ángeles o tal vez de un ángel al que Dios le da su Espíritu y su Poder y lo envía por toda la tierra. Pero repito, no sabría definirlo.


Observe también que el Espíritu Santo ya no aparece  ni en el capítulo 21 ni en el 22 de Apocalipsis. ¿Será porque en la Tierra Nueva ya no habrá necesidad de convencer a nadie de pecado porque éste ya no existirá y entonces ese Espíritu, que repito, no es Dios, sino que es de Dios, volverá al Padre?.


Es una opinión.


Interesante reflexión.


Leamos la Biblia y descubramos a nuestro amoroso, único y gran Dios, el Padre, dado a conocer, revelado y representado  por su Hijo, el hombre Jesucristo.


Desconectado Shane

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Re:Reflexiones sobre Dios, su Verbo y sobre Jesucristo (2)
« Respuesta #1 : mayo 05, 2019, 10:15:43 pm »
Hola Ronny

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Re:Reflexiones sobre Dios, su Verbo y sobre Jesucristo (2)
« Respuesta #1 : mayo 05, 2019, 10:15:43 pm »