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Temas - Rony Guadalajara

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REFLEXIONES SOBRE DIOS, SU VERBO Y SOBRE JESUCRISTO (Parte 1)



Por Rony Guadalajara



Sin ánimo de ser pedante y con el único fin de poder expresar mejor lo que pienso, me he tomado la libertad de entrevistarme a mí mismo. Me gustaría, que si alguien no está de acuerdo con la interpretación que hago de determinados versículos de la sola escritura, lo expusiese. Creo que todas las opiniones son importantes para seguir creciendo en el conocimiento de Dios y de su Palabra.


Pregunta: Sr. Guadalajara, ¿Es usted adventista?


Respuesta: Sí, desde hace casi veinte años, aunque prefiero identificarme como cristiano, sin más.


P: Sr. Guadalajara. ¿Hay un sólo Dios?


R: Sí. Lo leemos en Deuteronomio 6:4 y también en Marcos 12:29, donde Jesús dice que el primero y más grande  mandamiento es: “Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.


P: ¿Y quién es ese Dios para usted, Sr. Guadalajara?


R: Es el Señor Dios Todopoderoso, el Alfa y la Omega, el que vive por los siglos de los siglos, el que es principio y fin, el sólo Soberano Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el que es y que era y que ha de venir, el Creador, el Padre, nuestro Señor, nuestro Salvador.


P: Pero un Dios en tres personas, ¿no es así?


R: No. Ese concepto es ajeno a la Palabra de Dios. Es una idea que surgió en el siglo IV en oposición al arrianismo, que posteriormente se convirtió en dogma apoyado por una supuesta infalibilidad y que desgraciadamente nuestra iglesia terminó adoptando. Tanto  en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se nos revela un único y sólo Dios, el Padre, no una unidad compuesta por tres “personas”.


Versículos como Juan 17:3, o 1 Corintios 8:6, no dejan lugar a dudas de que el Padre es el único Dios.


P: Pero entonces, lo que usted está diciendo va en contra de nuestra doctrina, ¿no le parece?


R: Los adventistas hemos ido recuperando verdades como el Santuario, la no inmortalidad del alma, el estado de los muertos, el sábado..., pero en algunos temas tenemos que volver a las fuentes, a reconstruir muros. Uno de ellos es en lo concerniente a la deidad. Como dice la Sra. White en el libro El otro poder, “por mucho tiempo que hayamos sostenido ciertas doctrinas, no quiere decir que estas sean infalibles”.


La misma hermana White está admitiendo que se puede equivocar, que nos podemos equivocar, por lo que hemos de tener mucho cuidado de no hacer de ella otro sistema infalible como el que criticamos en otras denominaciones. Sólo Dios es infalible.


Por tanto, si lo que dice tal o cual persona respecto a un tema, tenga el don de sabiduría, el don de pastor, el don de profecía o cualquier otro don, si no se puede refrendar con la sola escritura, tendremos que rechazarlo.


De hecho, partiendo de una posición arriana equivocada como la que sostenían nuestros pioneros, hemos evolucionado hacia un concepto de deidad tan distorsionado que la inmensa mayoría de los hermanos, aunque lo acepta, no lo entiende, y los que discrepan no lo dicen o no se atreven a exponerlo públicamente. La Sra. White también decía que los adventistas  siempre tendríamos que estar abiertos a una nueva luz en base a una mejor comprensión e interpretación de los textos de la sola escritura. En este sentido, me da la impresión que dentro de nuestra iglesia está empezando a surgir un movimiento de reforma que presenta como alternativa un concepto de deidad fuertemente apoyado en la sola escritura.


P: ¿Quiere esto decir que usted y otros hermanos van a abandonar la iglesia?


R: No. No hace falta salirse de la iglesia, sino reformar ciertas doctrinas desde su seno con la ayuda de Dios.


P: Entonces, Sr. Guadalajara, si el único Dios es el Padre, ¿Quién es para usted Jesucristo?


R: Jesucristo es un hombre, un ser humano en el cual habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 1:19 ; Colosenses 2:9). Es la piedra rechazada por los hombres pero escogida y preciosa para Dios (1 Pedro 2:4).


En su presciencia, Dios, el Padre, el único Dios, ve la Creación, la Rebelión, la Caída y la Salvación. Es en esa misma presciencia que Dios ve al futuro hombre Jesucristo como el único   capaz de llevar a cabo su plan de salvación y el único   que cumple el modelo requerido por él para llevarlo a cabo. (Efesios 1:1-3, 5-8; 3:11 2ª Timoteo 1:8-11 2ª Corintios 5:18,19 1ª Pedro 1:19, 20).


P: ¿Y por qué Dios escoge a un hombre como nuestro Salvador?


R: Porque el escogido no tenía que socorrer a los ángeles, sino que tenía que socorrer a la descendencia de Abraham, a la humanidad, por lo que debía ser en todo semejante a sus hermanos (Hebreos 2:14-17).


¿Se da cuenta?; el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, el Todopoderoso, quiere salvarnos, y lo hace por medio de Jesucristo, de un hombre, porque eso es lo que es Jesucristo, un hombre. Un hombre al cual Dios le da su poder para llevar a cabo la obra del plan de salvación.  Esto es grandioso, extraordinario, no hay palabras.


Y es en Jesucristo donde fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado en él, por él y para él. (Colosenses 1:16).


La traducción “por medio de él”, que algunas versiones hacen de este versículo, es decir, “por medio de Jesucristo”, no es correcta. Es increíble que se hagan traducciones de esta manera tan tendenciosa.


El exégeta y especialista en Historia Antigua Norbert Hugedé, en su libro “L’ Épitre aux Colossiens”,  pág. 60, comenta que la expresión “por él”, ”δι“(di) + genitivo de Colosenses 1:16, ha de entenderse como “en función de él”, "por causa de él", "teniendo en cuenta a él", y no por δι“(di) + acusativo, por medio de él.


Y efectivamente así es. Cuando se refiere a la creación, la preposición griega ”δι“(di) + genitivo, nunca se traduce “por medio de”, sino “por”, siendo su significado “por causa de”, “teniendo en cuenta a ”, o “en función de”. Es decir, todo lo que el Padre ha creado, lo ha hecho en Jesucristo, por causa de Jesucristo, teniendo en cuenta a Jesucristo y para Jesucristo, pero no por medio de Jesucristo.


Jesucristo, en el momento de la creación, no existía.


El único creador es el Padre:


Apocalipsis 4:11


“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.


Si Dios no hubiese preconocido al futuro hombre Jesucristo como el único que iba a aceptar su plan de salvación y el único que iba a ser capaz de llevarlo a cabo, Dios no hubiese creado nada y por consiguiente, ni usted ni yo estaríamos ahora aquí.


Desde antes de la Creación, aunque Jesucristo todavía no ha venido a la existencia, para Dios, sin embargo, ya es antes de todas las cosas (Juan 8:58), queriendo que  tenga la preeminencia en todo y que todas las cosas subsistan en él (Colosenses 1:17-18).


P: ¿Está diciendo que Jesucristo no existía antes de su nacimiento?.


R: Así es, lo acabo de decir. Antes de nacer de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo, Jesucristo no existía; sólo existía en la mente eterna del Padre. Es decir, no es que hubiera un hipotético Dios Hijo, o un Hijo eterno esencial de Dios, que eso no lo pone por ninguna parte, sino que al santo ser que nace de María, Dios lo declara su hijo, que es una cosa muy diferente. El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Unigénito, el Único, todo se refiere al hombre, al ser humano Jesucristo.


En su mente eterna, antes de que nada hubiese sido creado, y antes de que Jesucristo viniese a la existencia,   Dios  ya lo preconoce. Es en ese preexistirle que Dios se goza en él porque ve que es el único que va a aceptar el plan de salvación y el único que lo va a llevar a cabo. Es entonces cuando se produce una gloria, y es esa gloria la que posteriormente le reclama Jesucristo una vez que éste viene a la existencia.


Que maravilla de versículo:


“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. (Juan 17:5)


P: Pero si Jesucristo, o el Hijo de Dios, no existía antes de nacer de María, ¿Cómo explica entonces que en el principio el Verbo existía con Dios?


R: Usted, en su pregunta, está dando por hecho de que el Verbo tiene personalidad o es una persona.


P: ¿Y no es así?


R: Rotundamente no. El Verbo no es una persona ni tiene personalidad. El Verbo es la Palabra de Dios. El Verbo no es Dios, el Verbo es de Dios, al igual que su presencia divina, su rostro, su espíritu, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder. Podría decirse que todos estos términos son “morfes”, “aspectos” de Dios, pero no Dios. El Verbo o Palabra es eterno porque Dios es eterno. El Verbo es una cualidad, una particularidad, una singularidad, una naturaleza, una marca, un atributo inherente a Dios. En el Antiguo Testamento, en hebreo, es el dabar de Dios, y en el Nuevo Testamento, en griego, se traduce como el rhema o el logos de Dios. En ningún caso, a este dabar, rhema o logos, los textos le dan un carácter de personalidad.


Pablo, en Hebreos 4:12, nos dice que el Logos, es decir, el Verbo, la Palabra de Dios, es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Y en Isaías 55:11, leemos que el dabar, es decir, la Palabra que sale de la boca de Dios, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiera.


P:  O sea, que para usted, el Verbo no es el Hijo de Dios.


R: EL VERBO NO ES EL HIJO DE DIOS. ¿De dónde nos hemos sacado tal cosa?. ¿Dónde lo pone?. ¿Me puede presentar un texto donde lo diga?. Ya se lo adelanto yo, no hay ningún texto en la Biblia, ni uno solo, donde diga que el Verbo es Jesucristo o el Hijo de Dios.


Como ya he dicho anteriormente, el Verbo, ni es persona ni tiene personalidad. El Verbo es un atributo de Dios. Que el Verbo es el Hijo de Dios es una conclusión errónea a la que hemos llegado influenciados por esa idea trinitaria surgida en el siglo IV. Además, ¿Cree usted que todo lo que hemos leído anteriormente de Pablo e Isaías respecto a la Palabra, al Verbo, al dabar o al logos de Dios se le puede aplicar a Jesucristo?.


P: Entonces Sr. Guadalajara, ¿Cómo interpreta usted Juan 1:1?


R: Juan 1:1, nos habla de que en el principio era Dios y su Verbo (Palabra), y que ese Verbo era divinidad. Punto. No hay nada más.

“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con el Dios y divinidad era el Verbo”


Reconocidos gramáticos como James Moffatt, Hugh J. Schonfield, Philip B. Harner, Edgar Goodspeed,  Murray J. Harris,  Daniel B. Wallace,  H. E. Dana, Julius R. Mantey y otros, están de acuerdo que este versículo se traduce de esta manera porque el primer Dios que aparece en el texto de Juan 1 lleva artículo, el Verbo estaba con “el Dios” y el segundo Dios que aparece no lleva artículo, “y Dios era el Verbo”; por eso, al no llevar artículo el segundo Dios, unido a que el predicado nominal antecede a la forma verbal, la gramática griega no lo traduce ni como que el Verbo era Dios ni como que el Verbo era un Dios, sino como una cualidad, una naturaleza del Verbo, es decir, que el Verbo era divinidad o divino.


Philip B. Harner, uno de los gramáticos mencionados anteriormente,  dice que la construcción gramatical de Juan 1:1 incluye un predicado sin el artículo definido "el" antecediendo al verbo, una construcción que tiene principalmente un significado cualitativo y que muestra que "el logos posee la naturaleza de theós". Más adelante dice: Creo que "en Juan 1:1 la fuerza cualitativa del predicado es tan importante que el nombre [the‧ós] no puede considerarse definido". (Journal of Biblical Literature, 1973, págs. 85, 87.)


Todos estos traductores reconocen que el término griego es cualitativo y se refiere a la naturaleza de la Palabra, por lo que traducen la frase: "la Palabra [...] era divina".

 El versículo en cuestión se está refiriendo única y exclusivamente a Dios y a su Palabra, es decir, a una sola “persona”, y no a dos personas, una dentro de la otra.


Le pongo un ejemplo, que aunque no es exactamente lo mismo, vale para que se comprenda lo que quiero decir:


Usted y su palabra no son dos personas, sino una sola. ¿Me explico?. Su palabra es de usted, es consustancial a usted y de nadie más.


Lo que nunca se debe hacer es ir a un texto con unas ideas preconcebidas de antemano e interpretar el texto ajustándolo a esas ideas. Esto es lo que ha pasado durante cientos de años con este famoso versículo de Juan.


Cuando leemos un texto tenemos que ceñirnos a lo que dice el texto, sin que ningún tipo de interferencias ni ideas preconcebidas influyan en la comprensión o interpretación del mismo.


Como ya he dicho antes, Juan le está dando al Verbo, a la Palabra,  un carácter de naturaleza, no de identidad. Asi como la palabra de un humano es humana, el Verbo o Palabra es divino porque es un atributo de Dios, y es eterno porque Dios es eterno.


Juan no se está inventando nada ni va más allá de lo que dicen los textos (1 Corintios 4:6), ¿Por qué Juan se iba a sacar de la chistera que Jesucristo es el Verbo?.


Juan, como no podía ser de otra manera, se está remitiendo a la teología del Antiguo Testamento, únicas escrituras que había por aquel entonces y donde en ninguno de los textos se le da al Verbo, a la Palabra, al Logos, o al Dabar de Dios, carácter de persona o de personalidad. Tampoco en el Nuevo Testamento encontramos versículos donde a la Palabra se le de carácter de personalidad.


Juan, cuando escribe su libro, no tiene ni idea de esa doctrina trinitaria ajena a la biblia que surgiría en el siglo IV y que posteriormente se convertiría en dogma apoyado por un poder supuestamente infalible.

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REFLEXIONES SOBRE DIOS, SU VERBO Y SOBRE JESUCRISTO (Parte 2)





P: Creo que le voy entendiendo. Y lo de que el Verbo se hizo carne, ¿Cómo lo interpreta usted?


R: Una vez que Juan nos ha hablado de Dios y de su Verbo en los versículos 1 y 2, este Verbo no vuelve a mencionarse hasta el versículo 14.


Si prestamos atención  y continuamos estudiando los versículos que siguen, nos daremos cuenta que desde el versículo 3 hasta el 13 se están refiriendo a Dios, es decir, al Padre, y no al Verbo como mucha gente cree.


¿Por qué?


Porque el antecedente último con el que acaba el versículo de Juan 1:2 es “el Dios”


Juan 1:2


“Este era en el principio con el Dios”.


Por consiguiente, todos los versículos que siguen tienen como precedente a “el Dios”, y se están refiriendo al Padre.


Veámoslo:


Dios es el Creador (Apocalipsis 4:11).


En Dios estaba la vida (1Juan 1:2).


Dios es luz (1 Juan 1:5)


Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Dios es esa luz verdadera que venía a este mundo, ¿y cómo?, mediante su siervo el Mesías, que le representa, al cual le ha puesto por luz de las naciones (Isaias 42:6).


Dios siempre ha estado en el mundo ayudando a la gente; es el mundo que él ha hecho (Hechos 4:24), y a todos los que creen en su nombre, a todos los que aman su carácter, su forma de pensar y de ser, que viven conforme a su Palabra, a todos los que hacen su voluntad, Dios les ha dado potestad de ser hijos suyos.


Y ahora llegamos al versículo 14:


Es en este versículo cuando entra en escena Jesucristo.


Para que nos demos cuenta que en los anteriores versículos no se está hablando del Verbo, algunas traducciones comienzan el versículo 14 diciendo: “Y aquel Verbo…”, es decir, nos lleva otra vez al Verbo de los versículos 1 y 2. Pero en los originales no pone eso, sino que empieza por “Y el Verbo…”


Juan 1:14


“Y el Verbo habitó carne”.


¿En qué carne?


En el ser humano Jesucristo nacido de María por el poder de Dios en el Espíritu Santo.


En el original de este versículo en griego, aparece por un lado el vocablo “egeneto”, el cual tiene multitud de acepciones,  y por otro la palabra “sarx” que significa carne. Según los eruditos, este versículo 14 es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia. La cuestión es: ¿Qué quiso decir Juan en este versículo?. Ya he dicho que el vocablo “egeneto” tiene multitud de acepciones, por lo que atendiendo  al contexto en el que aparece este vocablo, unido en paralelo a otros versículos del Nuevo Testamento, nos ayudará a elegir la mejor traducción.


Tradicionalmente, este versículo 14, para dar más  énfasis a una supuesta encarnación que no es tal,  se ha traducido como que “el Verbo se hizo carne “; pero esto no es lo que dice el texto, porque si lo traducimos de esta manera  nos encontraríamos con las siguientes incongruencias:


Primero:


Sí el Verbo se hace carne, Dios se queda sin su Verbo, es decir, que dejamos a Dios sin su Palabra, ya que ésta se habría transformado en carne.

     
Esto no puede ser porque Dios sigue teniendo su Palabra.


Segundo:


¿Cómo es posible que algo como el Verbo o Palabra, que ni siendo persona ni  teniendo personalidad, pueda llegar a   transformarse en carne?.


Esto también es absurdo.


Sin embargo, si traducimos que “el Verbo habitó carne”, ya que el vocablo “egeneto” también lo permite, sería la traducción correcta, o por lo menos la que más se acercaría a lo que Juan quiso decir.

 
P: O sea, que esa Palabra o Verbo, que ni es persona, ni tiene personalidad, no se hace carne, sino que llega a estar en carne. ¿No es así?


R: Así es. Esa sería otra forma de entender el versículo.


EL  CONCEPTO QUE QUIERO TRANSMITIR ES QUE, YA DESDE LA ETERNIDAD, DIOS, EN SU MENTE ETERNA, ASOCIA SU VERBO, SU PALABRA, CON EL FUTURO HOMBRE JESUCRISTO QUE HA DE NACER DE LA VIRGEN MARÍA.


DIOS, EL PADRE, SIN DESPRENDERSE NI PARCIAL NI TOTALMENTE DE SU VERBO, Y DE UNA FORMA QUE NO PODEMOS ENTENDER, LO INCORPORA EN  JESÚS EN EL MOMENTO DE SU NACIMIENTO, ES DECIR, LO SEÑALA CON SU VERBO (Juan 6:26).


Esto estaría en consonancia con pasajes como Colosenses 1:19 donde leemos que al Padre agradó que en Cristo habitara toda la plenitud de la Deidad, es decir, su Verbo. Es por este motivo, que presentar a Jesucristo como con naturaleza divina no sería incorrecto, aunque esa plenitud no interfiere en nada en su persona, en su humanidad. La traducción “el Verbo habitó carne”, también estaría en consonancia con Filipenses 2:6, donde leemos que Jesucristo, existente con o en unión con “morfe” de Dios, no quiso ser igual Dios. En este pasaje de Pablo, “morfe” o “forma” sustituye   a “verbo”.
¿Se da cuenta?

Juan 1:14,
Colosenses 1:19
Filipenses 2:6

están relacionados, tratan el mismo tema con diferentes palabras.


En Juan 1:14, el Verbo habitó carne.


En Colosenses 1:19, al Padre agradó que en Cristo habitara la plenitud de la deidad.


Y en Filipenses 2:6 leemos que Jesucristo existe en unión con morfe de Dios.


Así pues, el “verbo”, “la plenitud de la deidad” y la “morfe” de Dios, es lo mismo. Todo son aspectos de Dios, pero no Dios.



Aprovecho la ocasión  para explicar el anteriormente mencionado versículo de Filipenses 2:6, ya que muchos hermanos lo presentan para demostrar, erróneamente, que Jesucristo es Dios. El versículo no dice que Jesucristo, siendo Dios o igual a Dios, no quiso continuar estando en la condición de Dios. Eso no dice el texto. Lo que el texto nos está diciendo, es que Jesucristo, siendo sólo hombre, y partiendo de esta condición, no quiso ser igual a Dios, como así sucedió con Adán, sino que se humilló así mismo. Así pues, la humillación no consiste en rebajarse de Dios a hombre, que repito, eso no dice el texto, sino más bien de hombre a esclavo o siervo.


P: Pero Jesucristo es el Señor, ¿no?


R: Jesucristo es Señor porque Dios, que es el Soberano Señor (Hechos 4:24), le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), Jesucristo es la luz porque Dios, que es luz (1 Juan 1:5), le ha puesto por luz de las naciones (Isaías 42:6), Jesucristo perdonaba pecados porque Dios le dio toda potestad para poder hacerlo (Mateo 28:18) y Jesucristo tiene vida en sí mismo porque como Dios, nuestro Padre, tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26).


Jesucristo es el Mesías, es el Salvador levantado por Dios para que por medio de él podamos llegar a ser salvos.


Dios le ha dado todo a Jesucristo, y en cada uno de los cuatro evangelios Jesucristo se esfuerza en hacernos ver que él es el enviado de Dios, que no es un profeta más, sino que está representando a Dios, y que con su poder, el del Padre, está llevando a cabo la obra para nuestra salvación.


P: Pero entonces, ¿Tenemos dos Salvadores?


R: Efectivamente, así es. Apocalipsis 7:10 nos dice que los dos son nuestros Salvadores. Uno, Dios, la parte divina, es el originador del plan de salvación, el que lleva la iniciativa,  el otro, la parte humana, es el hombre Jesucristo, el que acepta el plan  y lo lleva a cabo con el poder de Dios. Por eso, una vez que Jesucristo culminó su obra de redención  padeciendo  y muriendo por nuestros pecados, Dios, el Padre, el único Dios, lo corona de gloria y de honra, exaltándole hasta lo sumo sobre todo y sobre todos, incluido los ángeles, y haciendo que toda rodilla se doble ante él.


Esto es algo extraordinario, grandioso, un hombre, un ser humano exaltado por Dios de esta manera por toda su obra que ha realizado en favor nuestro. ¡Maravilloso!.


P: ¿Y cómo terminará todo Sr. Guadalajara?


Pues como dice 1 Corintios 15:28, texto que todos conocemos;  que cuando el Padre haya sujetado a Jesucristo a todos sus enemigos entre los que se encuentran el pecado, la muerte y los sistemas de maldad, cuando todo le haya sido sometido, entonces Jesucristo mismo también se sujetará a Aquel que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
 

P: Pero entonces, señor Guadalajara, si Jesucristo es un ser humano ¿Por qué se le adora como así leemos en diferentes pasajes de la Biblia?


R: Vamos a ver si aclaramos este tema porque hay que tener mucho cuidado de no caer en idolatría.


Criticamos a otras denominaciones porque dan culto a María y a los “santos”, y no somos conscientes de que nosotros estamos haciendo exactamente lo mismo, peor incluso, ya que estamos adorando a  Jesucristo, que es un ser humano.


Sólo se debe de adorar al Padre, al Creador, al único Dios. A nadie más.


El mismo Jesús deja claro en Mateo 4:10,  que al único que se debe de adorar es a Dios.


En Juan 4:23-24 leemos:


“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.


“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.



Así pues, como ya he dicho anteriormente,  deberíamos tener mucho cuidado en no caer en idolatría, y asimismo, tendríamos que revisar determinados himnos que dirigimos a Jesucristo, cuando únicamente corresponderían al Padre.


No hay ningún texto en la Biblia donde se adore a Jesucristo o al Espíritu Santo.


Hay muchos versículos donde aparece el término proskineo que erróneamente  se traduce por “adoración” cuando en realidad no quieren decir eso los textos.


Por ejemplo, en Mateo 2:11, Hebreos 1:6 o Mateo 28:9, refiriéndose todos ellos a Jesús, aparece el término “proskineo”, traduciéndose en la mayoría de las versiones  por adoración. Ésto no es correcto.


El significado de proskineo es postración, reverencia  en señal de reconocimiento.


También se le puede hacer proskineo a un rey, como por ejemplo al rey David, a un hombre por la labor que ha hecho en beneficio de la humanidad, a una eminencia médica, etc..., pero no por esto se les está adorando.


Lo que pasa es que cuando este proskineo se le hace al Padre, es decir, a Dios, entonces sí que se considera adoración.


Sin embargo, en ciertos lugares de la Biblia, aparece una palabra que por sí misma significa culto de adoración, y es la palabra “Latría”.


Esta palabra “Latría” la encontramos en varios versículos como, por ejemplo, en Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15.


Pues bien, todos los versículos donde aparece la palabra latría  se refieren siempre a Dios, es decir, al Padre, nunca a Jesucristo ni al Espíritu Santo y por supuesto a ningún hombre.


Desgraciadamente, muchas versiones traducen esta latría, como en los casos anteriormente citados de Mateo 4:10, o en Apocalipsis 7:15, por “servir”. ¿Cómo se puede traducir de esta manera?. Lamentable.


P: Muy bien, Sr. Guadalajara. Para acabar, me gustaría hacerle una última pregunta: Si usted afirma que el único Dios es el Padre y que Jesucristo es el hombre al que Dios ha escogido para nuestra salvación, ¿Quién es el Espíritu Santo?.


R: No sabría cómo definirlo. Hay cosas que la Palabra de Dios no nos revela de una forma clara, o simplemente no las revela. Una de ellas es quién es el Espíritu Santo. Lo que sí que sabemos de él es que tiene personalidad y que posee el espíritu y el poder de Dios. Es el que convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16: 8) y el que nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13).


Como ya he comentado anteriormente, el espíritu de Dios,  al igual que su verbo, su presencia divina, su rostro, su gloria, sus manos, su aliento, su shekinah, su poder, es morfe, aspecto de Dios.


El Espiritu Santo de Dios no es Dios sino que es de Dios, ya que procede del Padre y es el que da testimonio de Jesucristo (Juan 15:26)
 

Al Espíritu Santo también se le conoce como las siete lámparas de fuego, o los siete espíritus de Dios. En Apocalipsis 5:6 leemos que el Cordero tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.


Fíjese que dice “enviados”, por lo que el Espíritu Santo de Dios podría tratarse de ángeles o tal vez de un ángel al que Dios le da su Espíritu y su Poder y lo envía por toda la tierra. Pero repito, no sabría definirlo.


Observe también que el Espíritu Santo ya no aparece  ni en el capítulo 21 ni en el 22 de Apocalipsis. ¿Será porque en la Tierra Nueva ya no habrá necesidad de convencer a nadie de pecado porque éste ya no existirá y entonces ese Espíritu, que repito, no es Dios, sino que es de Dios, volverá al Padre?.


Es una opinión.


Interesante reflexión.


Leamos la Biblia y descubramos a nuestro amoroso, único y gran Dios, el Padre, dado a conocer, revelado y representado  por su Hijo, el ser humano Jesucristo.







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